miércoles, 14 de marzo de 2012

Quizás


                           Q  U  I  Z  Á  S               


                                                 L a  música se ha ido de este mundo. Suena en la cumbre más elevada y desierta de vida; que parece casi desgajada de su tierra y lanzada hacia el vacío. Fluye detrás del horizonte del mar; tan alejado, que se escapa del tocar de las aguas. Y llega desde lo más dentro del alma; así de escondido y profundo, como si surgiera de la misma entraña de la tierra.
     La música se ha ido de este mundo. Brota en él con una pena   entristecida de nostalgia; pero se sale cuando un tirón la lleva a un ensueño que crece de golpe; y, se vuelve un gozo, una esperanza, una dicha…
     Ahora, el aire de fuera-liviano, tenue y embrisado- es el lugar en que el alma vuela liberada de sus tierras, su canto dice su verdad, y, la música la llena de placeres, de  certezas, de alegrías, de sentires y de cielo.
     Por primera vez nota la libertad que le llega, como un soplo que la abre, la inunda, la aligera y la esparce en este vacío del mundo. Por primera vez dice lo que quiere sin tener que pensarlo, porque nada hay más que un deseo. Y, por primera vez, lo ve cercano, seguro, hecho, amado y encontrado…Ahora, está en su cielo.
     La risa –la alegría hecha gesto- es lo que expresa el alma. Y se vuelve ternura para conmoverse con cada brizna de vida que brota desde dentro; se mira en ella misma –cuando lo hace hacia fuera, como si se hallara lejos el motivo de su dicha-; y se hace un temblor –una cuerda que vibra- sacudido por todo el sentir que la embarga; que, ahora está renaciendo en su interior, movido desde fuera y desde dentro.
     Es tan fuerte su alegría que el retorno –un tirón desde la tierra- del dolor pasado, la aquieta un momento, la entristece y la ennostalgia; pero sólo la sufre en su recuerdo, como unas imagen embellecida de pena; que la hace llorar, aceptar, esperar y soñar otra vida. Después, su misma alegría, sin temor, le  deja  revivir la desesperanza, la súplica, el ensueño y el conformarse resignado y sin más…
     ....El alma se recupera. La vuelta –recordada- a la tierra le ha dejado un canto triste de letanía que, al poco, desaparece. Y, tras el silencio, la música y el alma-por sí mismo enmudecidas- vuelven a sentirse vivas…
     … La música, no acabó de irse de este mundo; el alma –que de él traía tristezas, penas, melancolías, desesperanzas y el desarraigo resignado- sí lo llegó a hacer.  La música –que le recordó todo el dolor- se lo mostró   en toda su crudeza, y, el alma lo revivió in evitablemente; pero, mientras que aquella se quedó en él, porque su canto no traía más; el alma se escapó, siguiendo notas extrañas  y acordes que rompían la melodía, y, llegó a otro mundo; al de otra armonía que la elevaba sobre el dolor.
     El primer roto apareció cuando la pena, en una subida repentina, acabó en un ensueño dulce y gozoso; y fue como el eco lejano y nunca oído al decir de un dolor, para dar un  consuelo y una esperanza…Después, la música sonó y se rompió igual;…y el alma volvió a sentir la pena y el ensueño; todo, como en la misma letanía de siempre.
     …Y la letanía, siguió; cambiada por aquel roto, pero sin entrar en él. Se dejó llevar por la esperanza; y el recuerdo le trajo vida que no había, la nostalgia se calló y el canto fue de alegría, de ternura, de sentires y de cielo…
     Pero, una y otra vez, aquellas extrañas notas insinuaban la verdad. Mantenían este juego piadoso de creer y la ilusión de realidad; aunque, al pasar cerca, el alma dejaba de sentirlo y rechazaba su consuelo.
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                       …El alma dejó la música; y entró en el hueco…
     Picos de montañas –como agujas extrañamente afiladas- que se agrupan casi sin dejar resquicios; y que parecen emerger desde lo más hondo tan sólo imaginado. Un lugar que perturba, atemoriza  y rechaza; y sin que se muestre hostil, sino  quieto, ensimismado y, aparentemente, esperando.
     -No hay que bajar- es la sensación que se encuentra el alma, cuando sale de su estupor;…y, entonces, se mueve. No sabe si avanza sobrepasando las cimas, o si lo hace mirándose dentro; pero el lugar de las cumbres está desapareciendo.
     Se está cambiando el paraje entero. El alma, ahora, pasa como una corriente de aire por las alturas; aunque el paisaje es ya de la tierra y hay árboles, cada vez más cercanos, orillando su camino.
     El espacio por el que se aleja  es de un mundo ajeno al de abajo. Aquel se siente como un túnel fuera del tiempo; y éste, parece un camino de vida de naturaleza, aunque extrañamente reconocido.
     Sin embargo, también cambia su apariencia; y las sensaciones  que saltan en el alma siguen el mismo devenir. Todas tienen algo del recuerdo, de su vida o de sus sueños; al menos, en los sentimientos que van con ellas, en las extrañezas que sólo las enmudecen y en los lugares –como escenas separadas- que aparecen de pronto a lo largo del camino.
     Los árboles, el suelo deshierbado, de barro fresco  y endurecido; el cielo tenue y suavizado de azul; la lejanía del horizonte dejando solo el paraje; unas casa sugiriendo un rincón de vida agrícola; y, abandonándolo todo, un recodo que deshace el lugar.
     Tras el recodo, el alma se detiene ante lo que ve. Un nuevo camino; ahora, pegado a la tierra, a la naturaleza, al hombre y a sus cosas.; pero, deshabitado y  abandonado sin daño alguno; como si algo se hubiera llevado la vida, aquietado su aliento hasta en la flora y callado el  aire.
     Un lugar que casi siempre aparecía en las disonancias de la melodía –después de las primeras extrañezas-, y que ere recorrido en pos de algo; por el alma embargada, sobrecogida y ansiosa; porque su vacío de vida hacía pensar que se acercaba el nacer del alma. Pero, el andar no acababa nunca; la esperanza, sí…
     -Hay que romper el camino-  es la sensación que  se encuentra el alma, cuando reconoce el paraje al que ha entrado tantas veces.
     Busca a lo largo del sendero…Algo rompe este camino que no llega a nada que quiera; algo que se ha hecho sólo porque la tierra-hundiéndose, lo ha deteriorado.
     Detrás hay un trecho casi desnudo de hierbas, polvoriento y retorcido que se aleja y se pierde fuera de la senda; y allí, se acerca el alma. Es tan extraño como el de las montan, pero inhóspito desde que se abre el sendero hasta que llega a un claro. No hay más que tierra reseca y pedregosa; algunos restos muertos de árboles; y, en derredor, una niebla de polvo suspendida en todas partes.
     El alma, a pesar de esta nada pegada a la vida, permanece aquí. Quieta, sola dentro y fuera, atónita y aguardando lo que no sabe.
     El lugar es una escena de muerte y descomposición; una desaparición de lo que vivía, una soledad que nadie  mira;…un esperpento sin vuelta atrás y sin alguien que lo cuente y lo comprenda.
     El lugar es una sensación de pérdida, de anhelos frustrados, de vacíos, de desesperanzas, de amarguras, de silencios,…de la nada más absoluta.
     El lugar, es aquella música apenada; sin eco, sin consuelo, sin ensueño y, hasta, sin la búsqueda encontrada en la disonancia…
     … Vuelve a oírse la melodía. Una y otra vez pasa con la misma tristeza. Y poco a poco se queda en una repetición enmudecida de sentimientos que se apagan en el aire. Después, el silencio en el lugar y, en el alma, un gesto esculpido en la resignación para siempre…
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                       Todo  está quieto, clavado en el tiempo,  como si se hiciese e la  eternidad;…pero, algo se rompe. Primero, una luz llena el paisaje, llegando desde el horizonte; después, el calor de la vida vuelve a sentirse palpitando en cada rincón; y el color, el movimiento, el aire y el pasar del tiempo reaparecen. Lo que estaba muerto sigue muerto; sin embargo no deja de existir, no se corrompe, no desaparece, no se esfuma en la nada; sino que pervive aunque no se vea.
     El silencio también se ha roto. Un sonido sordo está en todas partes diciendo que la vida vuelve; y otra sensación, no oída, sabe que todo existe. Pero, hay otro sonido –como un rumor- que llega sin resquicios, se extiende y aumenta; hasta que su música –la misma- se apodera de todo el aire.
     El alma la oye adentrándose en ella y la musita muy despacio. Poco a poco –sin darse cuenta de que ahora la melodía suena como un canto- también eleva su voz y se una a él.
     Las notas parecen cubrir el cielo. Y no hay nada que calle, que se quede en silencio o que esté solo. Es una sinfonía de dolor y ensueño que  no deja vacíos ni dentro ni fuera de ella, que llena el espacio y el tiempo y que detiene el seguir del mundo.
     No se ha ido el dolor, la desesperación, el sueño, la  nostalgia y la caída; pero éstos son los sentires que tiene la tierra, que dañan en la tierra y que amargan en la tierra, Ahora, no pueden estar aquí; porque son del sueño que sueña la existencia…
     …El alma, todavía ensimismada, salta para escaparse de este padecer. Canta, impulsada por su fuerza, y empieza a dejar atrás los lamentos. Su música –la que estaba en la de siempre, pero sin sentirla- le trae sensaciones, ahora, que no le avivan sentimientos que comprenda; sino un gozo desconocido.
     Un golpe de aire de fuera se le mete dentro como una exhalación, y algo en su interior se abre, se despierta y se queda cogido. La dicha –un bienestar de agua- se abre paso, inunda su seno, se infiltra en su materia y casi se sale de su ser.
     El alma siente desprenderse de su propio yo. Su centro se empieza a desvanecer, se disipa y  se hace como el aire. Y toda ella se va remansando hasta perderse en la quietud de un nirvana. Pero, en él, sigue siendo ella; aunque, no ensimismada.
     La dicha, el gozo nunca tenido, una alegría olvidada y  una paz que no es la nada para el alma; han ido llenándola de algo que es ella y que es todo lo que existe…
     …El alma, ahora, calla; pero, cuando vuelve al paraje extraño –en el que la música se hizo un clamor de todo, y ella rompió su atadura al sueño- una luz, desde el nirvana, le hace comprender.
     La música –el canto de dolor y ensueño-no es sólo  suya; el penar y el consuelo  tampoco porque no los causa su propio vivir en la tierra, sino el querer escaparse de ella; que es  este sentirse casi ajeno y anhelar ser, de todo lo que vive, pero sólo existe en un instante del tiempo.
     La música es de todos, igual que el penar y el ensueño. La otra música –oída con aquella y desapercibido su sentir; la que goza el alma y la ennirvana-; es la del ser para siempre que, ahora, va enmudeciendo a la de dolor y consuelo; hasta dejarla en un sentimiento que se recuerda, y, de un estar ya pasado en el que se enredaba el alma; de un estar que ya no es.
     Y esta música es la que ,ahora, suena en lo que vive y siente que existe; porque lo que comprende el alma es lo  mismo que comprende todo.
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                       …El alma –antes, sola y atemorizada- ha dejado su ensimismamiento; y se ha expandido en el espíritu que la trasciende –sin perderla- y la une  a cada ser… 
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     …Ya  no se oye el canto de nada porque sólo hay música que se canta  a sí misma…
     La tierra entera ha cambiado. .Ha desaparecido como un espejismo que,  extrañamente, no  es una imagen reflejada de algo. Pero hay una realidad de espacio, de lugar; en el que suena esta música como si las mismas notas fueran materia, adherida en acordes y viviendo una existencia, vacía de cualquier otro algo.
     Este mundo no parece sentir; no expresa los sentimientos y emociones nacidos del vivir en la tierra, o del querer escaparse de ella. Su latido no es el decir de una melodía que evoca los  pasos del  caminar de un espíritu; sino un movimiento de notas –que suenan a intervalos de eco y llenan de acordes el espacio para volverlo armonía- como si fueran gotas de agua que se tocan, se disuelven entre sí, se expanden hasta hacerse una de todas  y, dejándose llevar por el vaivenear, diluyen su serenidad eterna en el alma que las mira. Así, es el pálpito de este  mundo…Calma de mar, quietud de horizonte, infinito de cielo, llenar de campiña, lisura y tocar de la brisa…, es lo que en él se siente; si las notas pudieran hacerlo y la música se sintiera a sí misma…Es la paz del ser que aguarda vivir.
     Quizás, también, el espíritu espera a nacer o a renacer.
                          
         
    
   

miércoles, 25 de enero de 2012

La isla


                                    L A   I S L A

                                            El mar se ciñe a la costa. Las olas, encrespándose en sus primeras rocas, las van desnudando. Quietas, bañadas de agua y perdiendo la arena, rompen su silencio. Y el ruido lejano se va llegando a la playa.
     Se oye el entrechocar claro de las piedras; y el sumirse arrastrado de la  tierra, en el fluir de la corriente. Todo, aquí, recuerda a la isla; que, más allá, adentrándose en la pequeña rada, queda cubierta y hundida; embriagando su sueño. Y muy alejadas, emergiendo tan sólo sus riscos, los últimos peñascales; ya, cedidas sus raíces.
     Se siente, ahora,  el rumor sordo, que lleva otros ecos. Un canto de olas, oscuro y extraño, bate, una y otra vez, el roquedal; bajando el secreto al lugar que aguarda.
     El paisaje, unos pocos árboles erguidos y algunas aves, gritando, en el cielo, se yergue en plena soledad. Arrecifes clavados en las alturas, guijarros dejados en la arena, orillas dormidas en las aguas, y mar  densando su misterio; van plasmando, poco a poco, la sensación de un sepulcro. Y, mientras, cae la tarde; pesada, llana, extendida; ensimismada, y sin correr el tiempo.
     Un sabor de ausencia, traído por  las olas, reverdece en cada rincón. Sentido en el abandono de las copas, cogido en el paso de los pájaros, perdido en la densidad del acantilado, pegado en la levedad de las piedras, sellado en el callar de la mañana; en todo, cruzando sus sombras, se palpa su latir lento.
     Y el cantar del mar sigue manando…
     En las ramas, de vida muerta, se aquietan las hojas y se enhiestan las siluetas. Y así, recortándose en el cielo, van lanzando sus perfiles, hasta quedarse en su misma calma.
     Más abajo, descendiendo el soñar del bosque, las laderas se despeñan; sobre el agua, dispersando una barrera, emerge un caminar de islotes; rocas y rocas se alzan desgajadas de su tierra. Y ahí, estrelladas al horizonte, se dejan las últimas yerbas en el embate de las olas; mientras sus formas se ennegran, se endurecen recogidas, desatan encrespadas; y apresan, fondeando sus entrañas, el murmullo que las baña en los abismos.
     Desde ellos, el sueño se llega a las orillas, adentrándose en la arena. Remansado, en un continuo salpicar de espumas, mecido y callado, rodea la bahía. Y sube, llenando la playa, el rumor que se arrulla entre guijarros, y desgrana el polvo fino de las piedras…Claro, esparcido y brotado, el aroma de frescura se incrusta en el paisaje; derramando un deseo escondido, que oculta en su sentir de brisa.
     Sola; posando en las peñas, anidada en las laderas, o surcando los cielos, queda la pequeña vida que habita en la isla. Casi no hay momentos, sin que el cruce solitario de algún ave, en un rápido revoloteo, levante la quietud. De un lugar a otro; a veces tras los más escarpados o profundos; el paso curioso, acostumbrado y ajeno al oscuro mar; siempre lanzada al tranquilo caer por los aires; y dejando cualquier brizna que venga de tierra; la oleada de gritos,  confusa en su lejanía, presiente el decir extraño
     ¡Qué intenso, es el cantar de las aguas! Nace prendido del fondo, alborotando la superficie, y se encrespa en cada onda que, cruda y ensombrecida, lleva  su ensueño a las rocas. Pero nada, se refugia en ellas.
     Allí, un pájaro, después de un largo vuelo, se hunde en la corriente; y, de nuevo, remonta su camino; hasta perderse en las alturas…!También lo ignora todo!...
     Densa, cubierta de aspereza, bramada en sui despliegue, ceñida por el frío y sembrada en la llanura, sigue la marea. Y el eco del sonar, turbio y antiguo de su abismo, se vierte en el horizonte; llegando a sus confines.
     Sobre el paraje encantado, se palpa el latir de las olas, brotando en lo más hondo. Un aire de presentimiento recala en su interior dormido; y, luego, vuelve a sumirse. Fuera, resbalan sus soplos, dejando la ausencia. ¿Qué canta el rumor del mar?...
     La brisa, mecida y fresca, recorre la lejanía. Parece cruzar las ondas, tocar la cima y envolver la tarde; regresando el sentir que se escapa. Y un suave destello de vida, cobijada en otros lugares, se adentra en la tierra de la isla…
     Pero, todo es soledad: una inmensa quietud, erguida en los cielos, y que no mueven sus auras. Y debajo, una fuente escondida, manando entre las piedras, y sellando sus murmullos…¿Qué canta el rumor del mar?...
     Las rocas solitarias, la audacia de las aves, los árboles en silencio, la calma de las orillas, los arenales desiertos…; recogen el yacer inerte. Allá, deshechos entre las aguas que flotan sobre el fondo, se bañan otros sueños, más ciertos que sus días; y a ellos se acercan, entregándose.
     ¡Cómo embriaga el romper del oleaje!... En un decir de nereidas, enturbiado en los escollos, densa el saber de lo viejo, refugiado en los abismos. Y una lluvia remansada, meciendo el fluir de sus gotas, riega la voz del nirvana, que enternece el vagar de la tierra.
     El suave dormitar de la corriente, la tersura ensimismada, el vaivén de sus arrullos, la tibieza que se entraña, lo profundo del susurro entre las olas, el sinfín del horizonte…!Qué cerca, se presiente un paraíso!
     Igual que un lago, el claro inundar del misterio, se filtra bajo las piedras. Y un chorro, cálido y lento, busca llegar hasta la arena, dejándole su anhelo. Mas,  poco se vierte en ella…
     Renace el guardar del secreto. Sombría, encrespada, rugiente, aterida y alzándose en cada paraje, sigue la marea su camino hacia la playa.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Relatos del alma: la música puede atrapar al alma.

De momento me conformo con haber sido capaz de "crear" un blog...ya es bastante. En él publicaré relatos; tan extraños algunos de ellos, que sólo sé que parecen como si algo-el alma- se expresara a través
de la música y me dejara palabras. Otros serán más "normalitos" y tratarán de nostalgias, recuerdos, ficciones  negras o tormentosas y...ya veremos. Gracias de antemano a GFC por facilitarme el hacer el blog; y, también, gracias a quien primero lea ésto y lo comente; y, después, siga con el primer relato y encuentre algo que le  "toque" y agrade.Cuando  haga alguien el primer comentario entenderé que puedo dar a conocer mis narraciones.

Valoración de los relatos

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